Seamos sinceros: escribir a estas alturas sobre el cambio climático es una tarea ingrata, peliaguda y fatigosa. Tal vez tenga razón Arnold Schwarzenegger: deberíamos inventar otro término más “sexy”, para vencer la resistencia tenaz de quienes han decidido que el medio ambiente no es “cool”, ya no vende, y que por tanto conviene esconderlo bajo tierra, a la espera de tiempos peores (inundaciones, huracanes, incendios, sequías, vertidos y demás desastres).

Hace un año, por estas fechas, el calentamiento global estaba en la mente de todos. Copenhague emergía como la última y gran oportunidad para una acción a escala planetaria. Pero el inoportuno “Climategate” (¿por qué nadie ha investigado hasta el fondo los oscuros intereses detrás de los emails “pirateados”?) pinchó el globo antes de tiempo. Los científicos quedaron como manipuladores y “mentirosos”. La cobardía de los políticos hizo todo lo demás.

Y aquí estamos, en la antesala de la cumbre de Cancún, con las expectativas bajo cero y con 15.000 expertos, delegados, funcionarios y emisarios de segunda fila intentando insuflar nueva vida al enfermo agonizante y febril.

Leer más

Share