Los californianos rechazaron en las urnas el martes una propuesta que pretendía suspender la ley aprobada en 2006 por Arnold Schwarzenegger para frenar la emisión de gases contaminantes, en una de las consultas populares que se realizaron al mismo tiempo que las elecciones de medio mandato en Estados Unidos.

La llamada Proposición 23 contemplaba suspender la histórica ley estatal AB32 que ordena una reducción de la emisión de gases de efecto invernadero agregando que la ley ambiental sólo podrá ser implementada si el nivel de desempleo estatal cae por debajo del 5,5 por ciento.

California ha sido fuertemente golpeada por la recesión, con un desempleo que ronda el 12% y con uno de los peores índices a nivel nacional de casas hipotecadas, factor crítico que expandió la crisis en Estados Unidos el año pasado.

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El gobernador Arnold Schwarzenegger calificó hoy a los congresistas federales de “debiluchos, carentes de agallas” que “no se supieron imponer a las petroleras” estadunidenses.

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''Debiluchos, carentes de agallas'', llamó el gobernador de California, Arnold Schwarzenegger a los congresistas. AP

Al hablar en vivo en el programa ABC World News, Schwarznegger criticó que el Congreso permitió que dos petroleras de Texas lleven a referendo este martes la ley ambiental de California que el presidente Barack Obama toma como modelo para el país.

“Tenemos que ir a Washington a decirles (a los congresistas) miren lo que pasó, porque ustedes permitieron que las petroleras gastaran dinero contra ustedes, ustedes dejaron a su suerte a la política ambiental que es la de Washington”, dijo Schwarzenegger.

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Schwarzenegger quiere que su apuesta contra el cambio climático quede como su mayor legado en California

En estos días electorales en los que todos los políticos giran frenéticos de campaña en campaña Arnold Schwarzenegger deambula como un alma en pena por California. ¿Quién querría que se le asocie con un gobernador cuya gestión desaprueba el 70% de la población? Pero a ‘Gobernator’ no le importa. Tiene otra causa más importante que defender, su propio legado. Y tiene un nombre que bien podía ser el de una bomba secreta: AB32.

Ése es el nombre de la ley para reducir la emisión de gases invernadero que en 2006 convirtió a California en líder mundial de la lucha contra el cambio climático y enfrentó al ex actor con el Gobierno de George W. Bush, que se había negado a firmar el Tratado de Kioto. Trece estados modelaron su particular respuesta al calentamiento del planeta con la AB32 en mente, aunque ninguno llegó tan lejos: reducir un 25% las emisiones de dióxido de carbono para 2020. El esfuerzo debe empezar e 2011, si las petroleras no logran engañar a los californianos con la Proposición 23, que se vota el martes. El anzuelo es bueno: trabajos, trabajos, trabajos…, el gancho infalible de toda campaña electoral en estos tiempos de crisis.

Quienes proponen en referéndum congelar la entrada en vigor de la ley hasta que el paro en California baje al 5,5% durante un año (lo que solo ha ocurrido tres veces desde 1970) sostienen que la nueva regulación espantará a los negocios y destruirá más de un millón de empleos. Y eso, en un estado que ya tiene una de las mayores tasas de paro es algo que nadie quiere oír. La media nacional del 9,6% de desempleo que puede costarle al Partido Demócrata la pérdida del Congreso en estas elecciones sube al 12,4%, pero en ocho de sus 58 condados pasa del 20%, una cifra que en EE UU ni siquiera cabe en la imaginación.«Con 2,2 millones de personas sin empleo, ¿es este el mejor momento para gravar más a las empresas y destruir más puestos de trabajo?», dice Anita Mangels, portavoz de los defensores de la Proposición 23. Con la AB32 subirá el costo de la luz, del gas, de la gasolina, de los coches, la gente tendrá que comprar nuevos electrodomésticos, los transportistas se mudarán a los estados vecinos de Nevada y Arizona pero seguirán conduciendo sus camiones sucios por las carreteras de California… Así reza el apocalipsis que Mangels relata de carrerilla. El argumento sería demoledor de no ser porque le pagan indirectamente los grandes petroleros de Texas.

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