El , de 72 años, ganó hoy las elecciones a que disputaba con la republicana y sucederá a al frente del Ejecutivo estatal, según las proyecciones de los medios de comunicación.

Los votantes se aferraron a la máxima de “más vale viejo conocido que nuevo por conocer” y optaron por la veteranía de Brown, gobernador entre 1975 y 1983, para tratar de sacar a California de la crisis económica, acentuada por un déficit que ronda los 20.000 millones de dólares y una tasa de desempleo en torno al 12%.

El resultado, a la espera de los datos oficiales, simboliza el regreso de un político de carrera para dirigir el rumbo de la rica California que aspiraba a gobernar la ex ejecutiva de eBay, Disney y Hasbro, Meg Whitman, sin experiencia en el sector público, y después de siete años en el poder del actor Arnold .

La estrella de Hollywood abandonará el cargo en enero, una vez se realice el traspaso de poderes, con unos niveles de popularidad bajo mínimos y tras agotar dos legislaturas, es decir, después de haber permanecido en el puesto el máximo tiempo posible de forma consecutiva.

Para Brown será la segunda vez que herede la gobernación del estado de manos de un actor metido a político, tal y como ocurrió en 1975, cuando por entonces el mandatario saliente era Ronald Reagan.

El triunfo de Brown se produjo después de una intensa campaña electoral, a menudo subida de tono y marcada por las descalificaciones mutuas entre los candidatos.

Whitman, de 54 años, considerada la mujer de negocios más poderosa de EE.UU. en 2004 y 2005, según la revista Fortune, vendió cara su derrota electoral, tanto es así que gastó 140 millones de dólares de su bolsillo para hacer llegar su mensaje a los votantes, una cifra récord en la historia de Estados Unidos.

“Era nueva en política. Lo que mi inversión ha hecho es dar a los votantes de California una alternativa”, dijo hoy Whitman, quien insistió en que ese dinero fue necesario para darse a conocer.

La candidata republicana fue la protagonista de uno de los episodios más polémicos de la campaña cuando fue acusada de trato vejatorio por una mexicana que trabajó ilegalmente en su casa durante nueve años.

Whitman negó la versión de su ex empleada y aseguró que nunca supo que era una inmigrante ilegal hasta que ella se lo dijo, lo que la llevó a despedir a la inmigrante que consideró que “debería ser deportada”.

El incidente disparó el apoyo del electorado latino a Brown, quien también enfrentó situaciones difíciles.

El demócrata tuvo que pedir perdón públicamente a su rival después de que un miembro de su equipo calificara a Whitman como “puta”. Pero matizó sus disculpas diciendo que ese insulto era menor que llamar “negro” a un afroamericano.

Más allá de estos desafortunados episodios, la batalla dialéctica entre Brown y Whitman giró en torno a las soluciones para sacar a California de la crisis con dos perspectivas opuestas.

Brown, intervencionista, apostó por un mayor papel de la administración pública para dinamizar la economía, mientras que Whitman consideró que la solución pasaba por aplicar en el sector público las fórmulas de gestión del sector privado.

Ambos candidatos sí coincidieron en una cosa: distanciarse de Schwarzenegger, a quien criticaron abiertamente en sus discursos.

El aún gobernador, que accedió al cargo en 2003 en unos comicios anticipados contra el demócrata Gray Davis, llegó al final de su mandato con el respaldo del 20 por ciento de los electores, según los últimos datos de The Field Poll.

Es un mínimo histórico únicamente igualado por Davis justo antes de la moción de censura que terminó por costarle el puesto.

Leído en: adn.es

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